La metamorfosis

Primero, la épica. La Selección de Messi, Agüero, Higuaín y Di María termina ganando sobre la hora con un centro de Mercado y un golazo de Marcos Rojo.

Luego, la clase individual: el pase de Banega es muy bueno sólo porque el receptor es Messi. Control orientado en velocidad digno de un superdotado.

Por último, el fútbol.

Escucho decir que durante el primer tiempo se jugó bien pero que tras el empate el equipo se descontroló. ¿Qué es jugar bien? ¿Ir ganando por un arrebato individual? La misma posesión intrascendente que se intenta destacar es la que nos enerva cuando no se encuentra el camino al gol. No es que Enzo Pérez o Banega o Mascherano hayan jugado mal: es que hay tres futbolistas donde debería haber dos. Para evaluar como corresponde el planteo argentino vaya un recordatorio: si el gol de Croacia en el minuto 90 lo convertía Islandia quedábamos fuera por diferencia de gol. Nunca se entendió -ni en el campo ni en el banco ni en los medios- que en la previa nadie firmaba el 1-0.

Este equipo llegó a Rusia sin juego ni mística; nenes de mamá a quienes el primer revés les boicoteaba el alma. Una generación desperdiciada que dejó atrás la cresta de la ola. Ahora es cuando. Si Messi buscara llegar al altar consagrado de los argentinos no le bastaría con la Copa: tendría que ganarla así, resucitando de entre los muertos. Rompiéndose el tobillo si se puede. La historia le está dando una mano para continuar su metamorfosis de crack a mito. De Quito a Moscú.

Por lo demás: agridulce lo del Pipa, laborioso pero mufado. Bien el atrevimiento de Pavón, bien Tagliafico, bien Banega: él no tiene la culpa del planteo. La excesiva garra de Masche evidencia su presente (y la ausencia de un reemplazo en la lista de 23). ¿Armani? No hace falta inflar la atajada del final: su mayor mérito está en transmitir confianza, que no es poco. Y Di María, ¡papito!, si ALGUIEN tenía que brillar en esta Copa para que tengamos chances era él. Se sacó solo de la cancha, y posiblemente del Mundial.

Mercado, Rojo, (Funes Mori, Kannemann): yo los quiero siempre conmigo.  Cuando no hay fútbol bien valen los hombres. Sampaoli, por favor, sin inventos para el sábado: línea de 4, y rompé ese triángulo vicioso entre Enzo Pérez-Banega-Mascherano. Sacá a uno.

Acá las posiciones del Prode.

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